Todas ellas se enfrentan a un enemigo que no duda en utilizar todas las artimañas posibles en busca de la aniquilación total. Hablamos de las cadenas de distribución que han descubierto en la marca de distribuidor (MDD) un arma poderosa para aumentar su número de clientes. ?Estos productos han dado a las cadenas de supermercados la capacidad de fidelizar a los consumidores ofreciendo un producto que solo lo pueden encontrar en sus tiendas?, asegura Ana Rumschisky del IE Business School. La crisis ha hecho el resto, ya que ha obligado a la sociedad a ahorrar en la cesta de la compra decantándose por estos artículos más baratos que, además, han demostrado que tienen una calidad más que considerable. Conscientes de esta situación de partida, la distribución ha utilizado la guerra de guerrillas para asegurar esa ventaja competitiva. ¿Cómo? ?Subiendo artificialmente los precios de los productos de los fabricantes para que el consumidor vea más diferencia de la que realmente hay. De esa forma se favorece que se compren sus propias referencias?, añade Ignacio Larracoechea, presidente de Promarca.

La nueva ley prohíbe estas acciones que, en ocasiones, provocaban que la innovación tuviera su réplica de MDD antes, incluso, de llegar al lineal. Ganar una batalla en estas condiciones es complicado. Por un lado está el tamaño y, por otro, que la persona que decide si te coloca en el frente de batalla es tu rival, ya que también fabrica su marca. Lógicamente, esta situación de desventaja ha provocado que muchas empresas hayan izado la bandera de la rendición. Las víctimas ha sido tan cuantiosas que durante la primera década del siglo XXI se estima que han desaparecido de los supermercados el 22% de las enseñas. A muchos de sus fabricantes no les quedó mas remedio que pasarse al bando enemigo convirtiéndose en las factorías de los distribuidores, que ha alcanzado una cuota de mercado en 2013 del 33,8%, según la consultora Kantar Worldpanel, y del 38%, según Nielsen.
Con todos los ases en la manga, lo normal hubiera sido que esta conquista hubiera acabado hace tiempo. Pero no ha sido así. Los irreductibles galos que resisten con fuerza al invasor han encontrado su particular poción mágica que les convierte en invencibles. Ni la crisis ni todos los ejércitos han evitado que algunas empresas crezcan en los tiempos del lowcost. ?Las claves que permiten a las compañías sobrevivir y no pasar por el aro de fabricar marcas de distribuidor son tres: el poder de la marca, la internacionalización y la innovación?, añade Rumschisky.
De lo primero saben mucho en Coca-Cola. La multinacional tiene una ventaja competitiva que la hace casi inmune a cualquier ataque de la distribución: tiene un producto muy difícil de imitar, que la convierte en insustituible en los lineales. ?Por mucho que lo intentamos no logramos crear una copia que se acerque a la original?, reconocen desde una cadena de distribución. El secreto de su fórmula es la clave de la bebida carbonatada más vendida del mundo. Pero por si acaso alguien llega a dar alguna vez con la tecla, la empresa aprovecha cualquier ocasión para incrementar el monopolio de su enseña. Así lo hicieron recientemente con la campaña de los nombres impresos en las latas. ¿Resultado? Las ventas crecieron un 13% en ese periodo.



Mondelez, con marcas tan poderosas como Philadelphia, Trident, Oreo, Milka o Fontaneda tampoco se quedan atrás a la hora de presentar novedades. ?Hemos sido uno de los pocos que crecimos el año pasado. El 1,8% según Nielsen?, afirma orgulloso Ricardo Hernández, director de Asuntos Corporativos de la antigua Kraft. Tiene motivos para estarlo. Novedades como belVita, que ha cambiado el concepto del desayuno, o las nuevas extensiones de Royal han ayudado a que esta firma se permita el lujo de crecer en tiempos de crisis. Además, Mondelez ha descubierto una forma de innovar a base de cruzar marcas. ?Lo hemos hecho con Milka y Oreo. De esa forma hemos convertido una marca que era para niños en un producto para toda la familia?, añade Hernández.
Por si no fuera suficiente, los dueños de Fontaneda también han demostrado que se puede crecer sin cambiar el producto. La forma está en innovar con la publicidad y el marketing. Anteriormente hemos visto lo que ha conseguido Coca-Cola con solo poner el nombre en los botes. Mondelez ha ido un poco más allá con Suchard. A través de una apuesta arriesgada como era cambiar el jingle que se había utilizado a lo largo de más de 50 años, ?en estas navidades, turrón de chocolate?, la reconocida marca de turrones logró crecer un 3,1% en un mercado maduro y estancado donde incluso la marca de distribución ha decrecido. Así, inspirados por el nuevo claim de la marca ?hecho con tus sueños?, Mondelez apostó por crear una nueva canción original basada en los más de 7.000 sueños que los consumidores de Suchard habían ido compartiendo a través de su página de Facebook. El tema fue compuesta por Maldita Nerea y se convirtió en protagonista de las Navidades de 2012.
Producto, marketing y hasta envases. Un simple cambio de packaging también puede ayudar a un producto, como le ocurrió a Danone cuando cambió la forma rectangular de los yogures por la redondeada. Los consumidores agradecieron que sus cucharas pudieran llegar a todos los rincones del envase. Cono se puede ver, la innovación no es algo cerrado y los fabricantes han demostrando que utilizar la materia gris es la mejor arma con la que cuentan para defenderse de la MDD. De hecho, los últimos datos que hablan de una ralentización en el crecimiento de los productos de enseña de distribuidor permite atisbar buenas perspectivas para estos verdaderos Asterix y Obelix del siglo XXI. ?No es hora de lanzar las campanas al vuelo. A pesar del esfuerzo, las innovaciones siguen descendiendo año tras año en España. En 2013 se presentaron 128, que son 20 menos que el año anterior. Cada año disminuyen en número y eso es por la reticencia de las cadenas de distribución a abrir sus lineales a los productos nuevos?, avisa Larracoechea. Sea como fuere, y tras unos cuantos años de crisis se puede afirmar sin ánimo de equivocarse que los irreductibles fabricantes han ganado la primera batalla de esta guerra, aunque las víctimas caídas en acto de servicio también han sido demasiadas. La mejor prueba de ello la tenemos en Mercadona, que ahora permite a los fabricantes las promociones cuando hace unos pocos años los expulsaba a patadas de sus lineales. Algo inaudito para la cadena de distribución que menos apoya las innovaciones (solo un 16% de las que les llegan tienen sitio en sus vitrinas). El mero hecho de que dé oportunidades a los rivales de Hacendado hace pensar que la dictadura de la MDD parece haber tocado techo.
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